Casarse bien es una loteria

A menudo se escucha decir que el matrimonio es una lotería, o uno se apunta al número ganador o está condenado al fracaso. En mi opinión, esto no es del todo cierto, o mejor dicho, es casi totalmente falso. La única suerte fue la de conocer una persona con quien empezamos una amistad, un enamoramiento. A partir de ahí, habrá que conocerse, tratarse, ayudarse y lograr unos cauces adecuados para consolidar la relación.

Actitudes que favorecen la realización de ese proyecto:

1. “No puedo pensar en la vida sin mi cónyuge.

Al hacer mis planes y proyectos de futuro siempre le tengo en cuenta”. Esto implica un saber compartir muchos aspectos de la vida, un buscar modos de compatibilizar los proyectos individuales con el matrimonial, y comprender que “Lo específico y exclusivo del matrimonio es compartirse en comunidad el amor sexual y el servicio a la fecundidad humana. En lo que, en todo caso, han de ser uno es en cuanto varón y mujer”.

2. “Yo quiero a mi cónyuge tal como es, es decir, con sus cualidades y con sus defectos”

3. “Me siento cada vez más solidario con mi cónyuge”.

Esto implica un saberse corresponsables el uno del otro, proteger los valores comunes que se viven, defender al esposo o esposa frente a elementos hostiles.

4. “El matrimonio es una aventura a correr los dos”.

Es muy gráfico el término aventura para señalar un camino en el cual nos encontraremos con tantos aspectos y circunstancias nuevas o desconocidas, y porque apunta a una actitud abierta a nuevos retos a vivir juntos.

5. “Estoy entregado a mi cónyuge”

Sintonizado con sus posibilidades y necesidades, no tener agendas ocultas que impliquen cotos cerrados en la relación, o peor, que puedan significar engaño o desconfianza.

6. “Tener y educar a nuestros hijos es una preocupación que nos une”.

Es fundamental para la vida matrimonial que exista una apertura a la vida, y el posterior cuidado de los hijos. Cuidado que en el ser humano va más allá de la nutrición y la salud, se debe concretar en un sin fin de acciones educativas. Es vital que los esposos tengan unos objetivos educativos claros, que sean capaces de compartir unos valores, de conversar sobre cada hijo y encontrar los procedimientos más adecuados para educarlos en los distintos aspectos de la vida.

7. “Pienso que mi matrimonio es para siempre”.

Existen en nuestro tiempo posturas contrarias, que se plantean como un compromiso condicionado: “Nos vamos a vivir juntos para ver qué pasa”, bautizados que prefieren casarse por lo civil porque si no funciona “nos divorciamos y ya”, o ante las dificultades “mejor nos separamos”, “yo no me casé para sufrir”, etc. Todo ello fruto de una mentalidad hedonista y escapista, con un compromiso precario, débil, que en el fondo no respeta la dignidad de la persona y la utiliza “mientras sirva” y cuando deje de servir, la desecha. La persona no puede ser objeto de experimentación, ni de dominio, es fin en sí misma y debe ser tratada de acuerdo con su dignidad. El ser humano no puede ser poseído por nada ni por nadie, y el quien libremente se entrega en el matrimonio como persona íntegra, por eso es don.

 

Fuente: Ana Maria Araú jo de Vanegas. II Congreso de la Familia . 2003

1 julio, 2017

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