Conciliar marido/mujer 

Después de conciliar con nosotros mismos, nuestro marido o mujer es lo más importante que cuidar, por delante de los hijos, el trabajo, nuestros padres y los amigos. Excepto en situaciones de necesidad perentoria, todos ellos van detrás. El tiempo suele ser una dificultad para conciliar con la pareja. Son muchos los profesionales que se quejan de que trabajan demasiadas horas y que no les queda tiempo para desarrollar la relación. Los poderes públicos y las empresas pueden facilitar el contexto, pero somos nosotros quienes debemos priorizarla  en nuestra vida y darle el tiempo necesario para que la relación pueda ir creciendo y fortaleciéndose. Si dedicamos el poco tiempo que tenemos sólo a los niños o a salir con los amigos, podemos acabar con el matrimonio.

El criterio más relevante cuando elegimos pareja no son los aspectos superficiales (si es rubio, moreno, alto, bajo, con dinero o sin dinero;   sino el encaje en valores. Pero, por mucho que compartamos la vida, ideas, valores e hijos, somos dos personas y, por tanto, pensamos de forma diferente.

Los valores se van concretando en criterios para la toma de decisiones y habrá que conciliarlos para colegios, compras, nivel de vida, salida de los niños, vacaciones, etc. Un reto esencial es el no‐ aburrimiento en el matrimonio, él con ella o ella con él. Hay que superarlo conjuntamente siendo sinceros, creativos e innovadores.

Tenemos diferentes biorritmos, personalidades, cultura, ambiciones y sueños. Nuestra carga de trabajo es distinta y vivimos trayectorias profesionales con ritmos e intensidades diversas. Por eso habrá que negociar, adaptarse, sincronizar y comprometerse continuamente.

Además debemos desarrollar una serie de habilidades como la comunicación (poner en común pensamientos y vivencias); la asertividad (punto medio entre la agresividad y la pasividad); la paciencia (la ciencia de la paz); la empatía (ponerse en el lugar del otro); la creatividad (generar nuevas alternativas frente a los dilemas); flexibilidad en dar y recibir, y aplicar herramientas de management al hogar (planificar, de‐ legar, organizar, etc.).

Otra habilidad esencial por desarrollar es la de incluir los criterios de decisión del otro en la toma de decisiones, así como buscar alternativa de ganar‐ganar, frente a gano‐pierdes o pierdes‐ganas. La diversidad es enriquecimiento, siempre que se busquen las sinergias: tampoco es bueno que haya uniformidad en todo. Es positivo que también tengamos hobbies y amigos no compartidos de los que podemos hablar.

Sin embargo, un matrimonio sin valores de base compartidos será difícil que siga adelante. Una cosa es que a uno le guste el rojo y al otro el azul, eso es opinable, pero los temas fundamentales como el respeto, o para qué estamos creando esta familia, hay que adelantar‐ los, llegar a pactos y aclararlos antes de dar el paso de casarse. Son unos valores compartidos imprescindibles para que un matrimonio funcione. Además, no existen dos medias naranjas, sino que son dos enteras que se van limando y perfeccionando. Por eso hay roces que implican sacrificios y esfuerzo, pero si conseguimos sacar lo mejor de ellos, el amor crece en profundidad y da fuerza para salir adelante, pero si esperamos que sólo crezca en intensidad emocional, acaba desapareciendo.

Por eso llegan los fracasos y las rupturas, porque ya no me divierto, ya no me la paso bien. El amor conyugal necesita cuidados diarios para crecer, ya que el desprecio sistemático de los detalles pequeños arruina el amor. Soñamos con un gran amor, eterno, que nos llene y nos haga felices pero, en una paradoja, este camino pasa por la renuncia y el sacrificio, que son instrumentos de los que nos valemos para hacerlo crecer y desarrollarlo.

FUENTE: Dueños de Nuestro Destino—Nuria Chinchilla y Maruja Moragas

1 julio, 2017

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